Día a día de Juan, Pedro, María: adolescentes homosexuales


La adolescencia es el periodo de los seres humanos en el que van forjando su personalidad y descubriendo quienes son realmente. Expresar lo que se siente en diferentes ámbitos (sexual, emocional, psicológico, etc) es común en esta etapa, pero si eso que se siente no concuerda con los parámetros normales de cómo debe actuar un adolescente “normal” y por tanto se debe estar “encerrado” o en bajo perfil: ¿bajo qué condiciones se desarrolla la vida de un adolescente homosexual?

Generalmente alrededor del globo las leyes propugnan libertad e igualdad. La constitución nacional, por ejemplo, señala en su artículo veinte: “toda persona tiene derecho al libre desenvolvimiento de su personalidad, sin más limitaciones que las que derivan del derecho de las demás y del orden público y social”. De igual forma, el artículo veintiuno reza que todas las personas somos iguales ante la ley por lo que no está permitida la discriminación fundamentada en varias esferas, entre una de ellas la condición sexual de los ciudadanos venezolanos. En este sentido podría decirse que la homosexualidad es una condición sexual “legal” en Venezuela, a diferencia de otros países en los que es considerada un delito y se castiga con condenas tales como: años de cárcel, cadena perpetua y pena de muerte.

Dichos artículos supondrían la libertad sexual de los ciudadanos así como la posibilidad de expresar sin reservas los particulares que ellas pudieran acarrear en la personalidad de las personas. Mientras las legislaciones dan luz verde, no así la sociedad que castiga, ya sea ligera o severa, directa o indirectamente las actitudes que considera “desviadas” y que de ninguna manera tienen cabida en ese “orden social” mencionado en la carta magna. El populacho a través de los años ha dictaminado bajo su propio decreto ley, aprisionar a los “desviados” mediante violencia, burlas y/o vejámenes, no dentro de celdas de concreto y barrotes de hierro, sino dentro de sí mismos.

Los jóvenes de esta época descendemos de personas cuyos pensamientos y maneras fueron forjados bajo ideologías que oprimían severamente cualquier idea de homosexualidad. No es entonces extraño que nuestros padres y abuelos todavía se escandalicen ante el tema y les merezca no buenas opiniones. Se encargan de la “correcta formación” de sus hijos desde muy pequeños, las hembras con sus trajecitos rosados y azul para los varones, muñecas para ellas y carros para ellos, mientras los sudorosos muchachos corren por la grama detrás de un balón las alegras muchachas vitorean, ¡que sólo así sea!, otra modo supondría una inaceptable anomalía. Llegada la adolescencia algunos padres (generalmente los que mantienen buenas relaciones expresivas con sus hijos) imparten rancias lecciones de sexualidad, cierta clase de absolutismo del “como deben ser las cosas”, mismas lecciones que sus padres les instruyeron a ellos. La palabra “homosexualidad” brilla por su ausencia la mayoría de las veces puesto que es impensable tener un hijo homosexual y por eso no ven la necesidad de tratar el asunto, la heterosexualidad es un factor tácito. Otros padres no hablan de sexualidad con sus hijos en absoluto.

Si bien entonces en los hogares no se plantea discusión objetiva en cuanto al tema, resultan muy comunes los comentarios burlescos y ofensivos. Los integrantes más jóvenes de la familia captan este mensaje y desde pequeños y se crea una imagen negativa de la homosexualidad; a la larga, seguirán el mismo patrón de los mayores al repetir el mensaje a las próximas generaciones; es un círculo difícil de romper. Ya vemos que la evolución del pensar del hombre al pasar el tiempo ha sido una gran aliada, pero es innegable que la homosexualidad sigue siendo objeto de intolerancia y rechazo en la actualidad. Al mismo tiempo, los comentarios surten efectos variados en el joven homosexual que ya conoce o sospecha de su condición, puede sentir irá seguido por la impotencia de no poder replicar, pena, un aumento en la inseguridad (que ya de por sí es elevada) y/o hasta desprecio por su misma condición sexual.

El ámbito educativo es uno de los más duros para un adolescente gay. Es en los recintos estudiantiles donde se mantiene un silencio unánime si a emitir juicios objetivos en cuanto a la homosexualidad nos referimos, más no son escasos los chistes referentes al tema. Una de las problemáticas más grandes en cuanto al ámbito educativo radica en la ignorancia de los docentes, personas que al igual a nuestros familiares fueron criados bajo ideologías opuestas a la homosexualidad. Reiteramos que son pocas las ocasiones en las que se toca el tema en las aulas pero cuando lo hacen los pedagogos, manejan el asunto sin una base sólida o en algunos casos, posible desconocimiento del tema sin más en que apoyarse que sus criterios personales de moral. Es aun peor cuando el educador no asume su condición de ejemplo frente a sus educandos y falto de la madurez necesaria para tratar la cuestión, se mofa, utiliza calificativos despectivos y/o en el peor de los casos, llama a la violencia o cita elementos que podrían desencadenar acciones de esta índole.

Las esferas de amigos y allegados podrían ser de los ámbitos más llevaderos para el adolescente homosexual. Usualmente suele darse los primeros pasos ante los amigos de más confianza y quizá logran afianzarse más tarde con lo no tan cercanos. Aunque es muy posible que entre estos amigos existan algunos que muestren descontento o rechazo ante la confesión, son contemporáneos, de la misma época y si hablamos de la actualidad, familiarizados ya con el tema, lo que convierte a estos casos en minoría. Es esta apertura entre jóvenes lo que ha facilitado otro de los aspectos importantes en la vida de los adolescentes: las relaciones afectivas. Y es que mientras más cartas sean reveladas se van abriendo más las opciones.

Las calles y sitios públicos están, por lo menos en la mayoría de los países latinoamericanos, exentos de toda manifestación homosexual. No se habla de ella en las bancas de la plaza ni caminan por la avenida dos hombres, o dos mujeres, tomadas de las manos. En respuesta a esto cada vez se abren más espacios exclusivos para homosexuales tales como bares y espacios de reunión que gozan de gran popularidad entre los adolescentes quienes se sienten en un ambiente común. Esto supone una reclusión de los jóvenes en un mundo aparte, apáticos en la búsqueda de cambio, de un mundo donde todos puedan expresarse sin importar su condición sexual, siendo ellos quienes deberían tomar en sus manos una reivindicación.

Otros contornos sociales asociados con la homosexualidad son los medios de comunicación. Estos (medios televisivos, principalmente) suponen un arma de doble filo, es decir, contribuyen a la presentación de esta orientación como un factor común en la sociedad actual pero al mismo tiempo, la imagen que proyectan no es en todos los casos la más adecuada y esto desemboca en una generalización por parte del colectivo. En las pantallas no existen personajes de condición homosexual que alcanzan grandes puestos de gobierno, tampoco uno temerario que sea capaz de matar a sangre fría; estos saltan al ruedo sólo si el plot incluye a un estilista, un moribundo que padece de sida o ambos. En los programas de comedia también es muy común el estereotipo de personaje colorido, afeminado, excéntrico y de gesticulaciones particulares. Si bien no se estima que esto cause un impacto mayor en el adolescente, estas proyecciones podrían perfectamente hacer sentir rechazo hacia sí mismo o hacia la homosexualidad, aparte de verse directamente afectado por las generalizaciones.

Las creencias religiosas representan otra problemática. Las religiones en su mayoría se oponen a la homosexualidad categorizándola de falta grave o pecado. Como consecuencia estos jóvenes han ido desligándose de las doctrinas pregonadas por iglesias u organizaciones y a partir de esto se advierte una clara tendencia a la secularización y en casos más radicales a un odio encarnizado por estas.

Salir del closet: una decisión de peso

Sin duda, el joven adolescente no piensa todavía en revelar su condición sexual, por lo menos no ante su familia. Dicha acción supondría el inexorable rechazo de estos y a su vez, el posible cese del apoyo habitacional, económico y afectivo. Es menester apagar la combustión de una sospecha o un descubrimiento desafortunado y esporádico. El problema sobreviene cuando las evidencias son demasiado obvias y ya no quedan excusas ni argumentos. En general, estas revelaciones se dan en los adolescentes más de manera accidentada que voluntaria. Las reacciones en los padres son muy variadas y van desde la violencia hasta el más calmado silencio, de lo que si debe estar consciente el adolescente es que la visión y el trato que tenían sus padres hacia ellos pueden cambiar, sea de manera temporal o persistente.

Intervenciones de adolescentes homosexuales:

Daniel Mendoza. 19 años. Estudiante.

Tengo 19 años, estudio tercer semestre de Idiomas Modernos y soy gay. Lo he sido toda mi vida a pesar de que tuve novias. Sólo he tenido un novio, duramos un año.

Vengo de una familia ultra cristiana; para ellos la homosexualidad es el peor crimen de la naturaleza. Desde pequeño debí acallar lo que sentía por otros hombres por miedo al rechazo u otras consecuencias que podían causar mis preferencias sexuales.

Mi primera experiencia homosexual fue a los 8 ó 10 años con unos compañeros de clase; practicamos el petting. Pasará mucho tiempo para volver a experimentar

Soy de Oriente y me atrevo a decir que es una de las partes más homofóbicas de Venezuela; hay mucha cultura machista. Cualquier gesto afeminado es motivo de burla o discriminación. No pienso que la homosexualidad sea un problema mental o genético, es sólo una expresión de sexualidad del ser humano; no lo hace ni más ni menos persona. Hay muchos personajes brillantes en la historia que sentían atracción por personas del mismo sexo, aunque algunos sufrieron por no poder mostrar sus sentimientos, como es el caso de Oscar Wilde.

Desde que llegué a Mérida noté el cambio de mentalidad que separa a un día el estado donde crecí. Mi primera relación homosexual la tuve aquí. Mostrar amor en público no era gran cosa, mis compañeros de estudio lo tomaron como algo normal, pero por supuesto, mi ex pareja y yo sufrimos discriminación. En una ocasión, en un club nocturno besé a mi ex pareja, nos acompañaban tres amigos. Entre besos, bebidas y chistes se nos acercó un guardia de seguridad para decirnos que debíamos desalojar el local por ser homosexuales, no conforme con ello nos dijo que era homofóbico y que eso era “una asquerosidad”. No le di mucha importancia. Es el único hecho en contra de mi homosexualidad que he sufrido en Mérida.

Mis padres no saben acerca de mi orientación sexual puesto que le temo al rechazo y a las consecuencias, aunque sé que ellos sospechan que soy homosexual. Por el contrario, todo mi grupo de amigos en la universidad lo saben.

La mentalidad del mundo está cambiando, pero es algo que va poco a poco.

Carolina Gonzáles. 18 años. Estudiante.

Mi nombre es Carolina, tengo 18 años y vivo en Mérida con mis padres y mi hermana. Soy lesbiana y ellos lo saben.

Hace poco más de un año mi mamá se aventuró en mi cuarto a leer mis mensajes de texto, tenía pocos en el celular pero los que estaban eran más que suficiente para despertar su curiosidad. Cuando entré en mi cuarto y la vi sentada en mi cama con mi celular en sus manos, todo lo que hice fue ignorar aquella situación, la que poco después estalló en desastre. Ella se limitó a aparentar que nada había pasado y salió con una sonrisa de mi cuarto aunque yo me preparé para lo peor. Sorprendentemente pasaron dos semanas y parecía que nada nunca había ocurrido, mi mamá no parecía estar molesta y tampoco había cambiado su trato conmigo; comencé a pensar que todo había salido mejor de lo yo había esperado y bajé la guardia, pero ella le comentó a mi padre sobre aquel día y los mensajes, entonces mi papá pidió mi celular, del cual afortunadamente había eliminado toda información que pudiese delatarme, solo hubo un problema, en el momento que él lo revisaba un mensaje llegó y en seguida noté como cambió la expresión de su cara, supe que era de quien era mi pareja.

Mi papá me interrogó; mientras pude negarlo lo hice pero al cabo de unas cuantas preguntas me di cuenta de que aquel era el momento para decirlo, porque aunque no lo admitiera ya ellos estaban sobre aviso y de allí en adelante los iba a tener vigilando cada paso que tomara. Entonces, entre una de las tantas preguntas que formulaba mi papá, recuerdo que me preguntó que quién era la persona que me escribía aquellas cosas, al principio yo decia "un amigo", pero era imposible lograr que creyera así que sin darme cuenta el reformuló la pregunta y respondí: "una amiga".

Mi mamá comenzó a llorar como si alguien hubiese muerto y los ojos de mi papá me miraban acusadoramente. Me limité a bajar la cabeza y decir: "Y me gusta".


Mi papá enfureció, me golpeó, mi mamá gritaba y decía cosas que nunca antes la había escuchado pronunciar. Mi papá me decía: "yo no tengo hijos homosexuales, esto es lo que me faltaba", "Malditos homosexuales", "¿qué harás con tu problema?", "¿qué no tienes un problema? es obvio que sí", "si no te arreglas te vas".

Hoy en día el tema no se menciona en mi casa pero últimamente mi mamá hace comentarios muy positivos sobre mi situación, aunque yo prefiero no profundizar con ella y simplemente mostrar empatía.

Además de esto no he tenido algún otro problema por mi orientacion, sólo uno que otro comentario puesto que es objeto de polémica y es un tema bastante volátil. Últimamente es un tema de conversación muy común: "sabes que fulanito ES" o "sabes que fulanita le agarró la mano a fulanita, pa' mi que ES"




Artículo incompleto.